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jueves, 15 de enero de 2009

Caisén y vaisén

Definitivamente los hombres no aprenden algunas cosas. Estaban abrazados y le disparó al riñón sin sutilezas: "¿Qué estás más gorda? No quiero que te pongás gorda". Se le clavaron las palabras en los flotadores, mientras él los amasaba haciendo notar que habían crecido. Tuvo ganas de decirle: "no, no es que esté más gorda, es que el mundo cada día está más chico", pero se quedó callada. Se sentía un hipopótamo en tutú, digno de Fantasía, pero con menos agilidad. Después quiso tocarle la panzota y ella esquivó "¿qué te pasa? -dijo con total impunidad-". "No, nada. Estoy tímida". No se animó a decirle que no había necesidad de decirle gorda. No se animó a decirle que ella tiene un espejo y se mira, que conoce su cuerpo y sabe cuando los porrones se le van a la retaguardia (¡las mujeres sabemos cuando engordamos, la crueldad, hombres, está de más! Entre nosotras nos podemos reír, pero no con ustedes ¿Ok?)
Sin embargo, ella sabe que desde que se fue su compañera de departamento no cocina y le da duro al pote familiar de Grido y se siente en el cielo, ya que no se va de vacaciones. Ahora se pregunta...¿Ellos no saben que esas cosas no se dicen?. ¿No tuvieron madres, hermanas, primas, hijas? Después de haber evolucionado tanto ¿no aprendieron que hay palabras prohibidas?.
No, no aprendieron y las dicen con total impunidad. ¡Sepan que esas cosas duelen! No pedimos que entiendan a las mujeres, que si el cocainomano de Freud no pudo...¡pero al menos sepan callarse! En fin, la chica se puso una remera bien ancha para disimular los salvavidas que, desde aquellas palabras, la hacen flotar más que a una ballena. Y sumó a las metas del año nuevo un punto más: *Cambiar el porrón por Coca Light...¡Con fernet!.