miércoles, 24 de diciembre de 2008
Meditaciones superficiales navideñas
Feliz Navidad (Jijiji)
lunes, 15 de diciembre de 2008

Cucasona: se dice del insecto que, en apariencia, luce como un ser humano, pero adentro, no es más que una cucaracha.
Persoracha:(Del lat. persōna, máscara de actor, personaje teatral, este del etrusco phersu, y este del gr. πρόσωπον)(De cuca, oruga de mariposa). Se dice de la persona que, en apariencia, luce más bien como un insecto. Pero que tiene un interior muy humano, relleno de juguito.
viernes, 12 de diciembre de 2008
Una vez que el perro...
miércoles, 10 de diciembre de 2008
25 años y vamos por más (la cuidemos)

Acá copié algunas frases que nuestros políticos dijeron en estos 25 años de democracia. A pesar de todo ¡feliz cuarto de siglo! (haga su aporte).
"Con la democracia se come, se educa y se cura", Alfonsín.
"La casa está en orden", 1987, Alfonsín.
"Se eliminarán completamente las escuelas primarias...precarias" Menem dixit.
"Me pongo al frente de la Corrupción", Mendéz again.
"Nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del Estado", Roberto Dromi.
“Consolidamos los acontecimientos de 1955. Estuvimos repitiendo esa misma historia al poco tiempo, tumbando al gobierno del doctor Alfonsín”, Menem.
“Quitarle los medios, los miedos, a la gente” Cavallo, 2001.
“Mi hijo
“Hacia 1997 la deuda externa comenzará a reducirse, y hacia fin de siglo será insignificante”. Domingo Cavallo, 1993.
“Siempre existirán pobres entre ustedes”. Fallido de Carlos Menem en el 93 también.
"-¿Qué tiene prioridad, la gente o la deuda externa?
-La deuda, perdón, la gente". (Rodriguez Saa contesta a un periodista)
"Trato de no mentirle a la gente.Trato de prometer lo que no sé si puedo cumplir", Avelino Porto.
"Hay que sacar ese decreto, para que lo inmoral y lo legal sean lo mismo", Adelina Dalesio de Viola.
“La convertibilidad se mantendrá por los siglos de los siglos”. Carlos Menem (Amén).
“Soy el hombre mejor preparado técnicamente en este país para matar a un político o un periodista”. Alfredo Astiz, en el 98.
"Los peronistas son más delincuentes que nosotros", Graciela Fernández Meijide refiriendose a la alianza UCR-Frepaso. 1998.
2001"De La Rúa será el sarmiento del siglo 21". Domingo Cavallo.
“La situación del país comienza a mejorar”. Fernando De la Rua, julio 2001.“Voy a poner a la Argentina en orden y vamos a crear un millón de empleos”. Adolfo Rodríguez Saá, al asumir la presidencia.
“La Argentina es un país condenado al éxito”. Eduardo Duhalde 02.
“El que deposité dólares, recibirá dólares”. Eduardo Duhalde 02.
martes, 9 de diciembre de 2008
Mi poder adquisitivo, cuesta abajo

Dos pesos le di. En moneditas, rejunte del vuelto de la cocucha. En una bolsita puso 60 gomitas (3 por 10 centavos, creo). Les sobraba el espacio e iban bailando adentro. La podría haber llenado más con dos pesos. Eso se hubiese parecido un poco a la felicidad.
Me acuerdo cuando me levantaba y salía corriendo al quiosco de al lado con un billete maltrecho de 10 mil australes. Me daban un paquete enorme de gomitas, hecho de papel de almacenero y hasta alcanzaba para convidar. Con eso, me tiraba a la mañana, prendida de Cablín, en un televisor blanco y negro -y rojo, por fuera-. Y era feliz.
Después se puso mejor. El kiosquero de la vuelta nos daba un puñado de gomitas por diez centavos, sin contarlas, también envueltas en papel. Y te mandaba a que vos las contaras; si había menos de 10 gomitas, pedías el resto. Pero siempre había más. Y siempre uno compraba
más de diez centavos. Y nos hacía ejercitar las matemáticas -ya en desuso en mi vida-. Eso ya era el cielo.
Y ahora ¡tres miserables gomitas! Y la mitad son naranjas y perdieron color y están medio duras. Me siento estafada.
Ahora que vuelvo a viejas mañas que tenía de chica, me doy con que no puedo mantener el vicio. Y así estamos. Las gomitas, fieles retratos de la inflación. No hay piedad ni por el colorido. Se merecían un post.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Se vende el corazón, se rifa la ilusión
lunes, 1 de diciembre de 2008
Justo ahora se vienen a alinear los astros...

viernes, 21 de noviembre de 2008
¿Algún otro papelito, señor?

Cuando entró le dieron un numerito para que esperara otra vez, pero ahora sentada. Por fin vio en el avisador el número 198, 54 minutos después de entrar.
-Sí, tenés que poner el DNI de ellos y los nombres.
miércoles, 29 de octubre de 2008
No voy en tren...(¿todavía?)
Martes 28 de octubre. Día soleado. Pesado, como baño lleno de vapor. Tafí Viejo con sus galpones y una chimenea de 1907, centinela de los Talleres. Vías. Paredón ¿y después? Después la villa Obrera. La política interrumpe el ritual de la siesta de pueblo y la tecnología juega de 10 para el Frente Para la Victoria. La presidenta aparece como un fantasma de Kurosawa, entre tantos otros que andan por ahí, metida en los Talleres Ferroviarios, otrora los más grandes de América Latina. La promesa electoral se repite: “los trenes volverán”… ¿Volverán?
La Nave de los Vagones espera la inauguración políticamente correcta, siempre correspondiente a cada nuevo ladrillo que se suma en las gestiones de gobierno. La tecnología mete a la Presidenta dentro en una pantalla, dentro de los Talleres Ferroviarios. Da su discurso, conversa con el gobernador Alperovich. “Gracias presi”, le dice él. “Gracias José”, se escucha desde Olivos. Flores van, flores vienen.
Los operarios con sus cascos azules y sus trajes de fajina ven el acto y aplauden. Los ex ferroviarios que fueron, ven el acto y aplauden. Los alumnos en sus delantales, blanqueados para la ocasión, ven y aplauden. Banderitas electorales que flamean.
Desde el corralito que montaron para los periodistas escucho bombos. Escucho a un animador que no sabe lo que lee. Escucho aplausos. Escucho que hay esperanza en la gente, que a pesar de que no cree del todo, espera los anuncios de esa siesta interrumpida por la política. Y escucho una promesa que ya escuché antes, en otras bocas. “Los Talleres se van a reabrir y van a volver a ser grandiosos. Tafí volverá a brillar como en los años en los que era el más grande pueblo ferroviario y el limón se transportará en vagones (¡carajo!)”, dicen y repiten, más o menos así, siempre.
Me invaden recuerdos propios y heredados de ese lugar, parte de mi historia. Mi bisabuelo paterno y mis dos abuelos trabajaron ahí. Uno de ellos se mató en esas vías. Yo no sabía eso en esos momentos, pero mi viejo, cuando se escuchaba que el tren iba llegando me llevaba en moto hasta la pasarela para que lo viera pasar, o para sentirlo cerca a su viejo, qué sé yo. Recuerdo la melancolía de mis tías cuando hablaban de la sirena de los Talleres. Y sé de la ansiedad que les daba porque sabían que ese sonido avisaba que su padre estaba en camino de regreso a la casa. Veo muchas caras que conozco de mi infancia -ahí está, se dibuja la cara de mi señorita de quinto grado; despues, el chico de anteojos de sol, ése era de la barrita de mi barrio- y me pregunto qué historias personales habrán llevado a todos esos que fueron ahí sin estar rentados, porque hubo otros arreados por dirigentes, de más está decir. Recuerdo que desde hace mucho el eslogan de los políticos para ganar votos en Tafí Viejo es: "vamos a reabrir estos talleres". Y recuerdo de los olvidos posteriores de los políticos. Recuerdos auditivos, visuales, de olores a veranos en biciletas entre esos galpones abandonados -más grandes aun desde mi perspectiva de niña-. Recuerdos formados por el olvido de otros.
Ahora dicen que habrá un tren entre Tafí y la Ciudad (los que viven en las vías ¿al Lomas de Tafí o una vía aérea?). Antes de fin de año, juran y rejuran: "Tafí Viejo-San Miguel". La gente va a esperar. Y los políticos ¿van a recordar?
No voy en tren...
Estos son los Talleres Ferroviarios (alguna vez los más grandes de Sudamérica) que el Gobierno prometió hacer funcionar otra vez. En el pasado muchos dijeron que quisieron reabrirlos, pero no pudieron. La gente cree que en realidad pudieron, pero no quisieron y lo más probable es que tengan razón.
La letra de la canción es de Juan José Villacorta y refleja lo que ese esqueleto que alguna vez estuvo lleno de vida es para Tafí Viejo.
miércoles, 22 de octubre de 2008
Entre creativos y caníbales
La publicidad, que sonaba en mi modesto chanchito sintonizado en la repetidora de La Cien en Tucumán (95.5), me dejó desorientada y no logré entender los modos de ventas y el marketing, salvaje en este caso -creo.
La historia con la que el negocio quería vender el sagrado ritual del asado argentino consistía, más o menos, en lo siguiente: un jefe le decía a uno de sus empleados que estaba despedido por inoperante, pero que no se preocupara porque para celebrar su nuevo estado de indigente harían un asado en su honor. La mejor parte es que habían comprado el churrasco, los chinchulines y los chorizos en "De carne somos", por lo que el empleado, efusivo, no se preocupó por el desempleo ni por los morlacos -que no tendría en un futuro- para comprar los asados siguientes, sino que pensó inmediatamente en invitar a sus amigos a que se unieran a la celebración por su nueva situación de desempleado que acaba de pasar a engrosar una lista, de por sí, bastante gruesa.
Luego, el spot terminaba con un bandoneón arrabalero y la dirección de la carnicería (en la avenida Colón, si no recuerdo mal).
Me quedé pensando en el misterio que son para mí estos "creativos" que hicieron el comercial -porque, seguro, se creen muy ocurrentes al hacer una publicidad en donde el asadito y el desempleo van de la mano y mientras la parrilla esté llena, no existen los problemas-.
Me pregunto si estas mentes encargadas de aumentar las ganancias de este lugar saben que Tucumán está tercero entre los centros urbanos con mayor nivel de desempleo en todo el país, con 11,5% y que, seguramente, el resto de los indigentes de la provincia no están tan preocupados por la parrillada como por la necesidad e importancia de tener un trabajo para comprar el arroz y los fideos a fin de mes.
Pero ellos son los que saben. Son los que persuaden. De carne somos. Carne comemos. Carne vendemos... Me suena a que somos caníbales cuando pienso en el nombre de la carnicería. Venden carne y somos de carne. Pedazos de qué serán los que tienen colgados en las heladeras enormes de detrás del mostrador. No quiero saber, no soy creativa y sólo quiero entender cómo vende una publicidad como esa. Y quiero sacarme el trauma de "de carne somos y carne comemos". Puaj.
miércoles, 15 de octubre de 2008
De mí (lo que ves es lo que hay)

Mi abuela decía que yo tenía la cabeza dura, el corazón tierno y los ligamentos blandos -yo vivía y vivo torciéndome los tobillos, por lo tanto, todo mi cuerpo al ras de suelo-. Mi abuela murió cuando yo tenía tres años, pero mi madre dice que esa descripción todavía vale.
Tengo una timidez galopante disfrazada de mal humor y cara de perro. Me lastima que me mientan diciéndome que me dicen la verdad. No muestro cuando me tajean adentro. Al dolor también lo disfrazo de mal humor o de indiferencia hacia lo que me hicieron. El enojo no me dura mucho, pero siempre me queda alguna cicatriz. Me tomo demasiado en serio las cosas que dicen algunos pelafustanes y me frustro en exceso. Mis amigos se encargan de argumentar en contra de esas cosas y se vuelve a equilibrar la balanza.
Tengo la letra y el pelo despeinado. Mis pecas, mi prosa, las ideas, los sentimientos y mi cuarto están desordenados. Soy nómade, en contra de mi voluntad y por decisión de la Reina Madre ("mi vieja", digo en el barrio), que me echó a rodar y a rodar por la vida. Tengo cierta parte de mí que desconozco y no puedo domesticar.
Me enternecen los chiquitos cuando juegan y se ríen a carcajadas. Me da bronca la injusticia, pero no hago mucho al respecto. Me gusta la política, mas no los políticos.
Vivo en una casa poblada por notas musicales desordenadas. Y, aunque intente ordenarlas, mi paciencia va a desistir en cualquier momento para acompañar a mi inconstancia. Mi ropero está lleno de cajas embaladas con libros, que esperan la próxima mudanza.
No creo en la fidelidad, pero nunca fui infiel. Sí en la lealtad y trato de practicarla.
Soy fosforito, me enojo una barbaridad en un segundo y al rato me apago. Cuando trato mal a alguien, me siento pésima y termino por enojarme más, pero conmigo misma.Soy un poco chueca y me gusta mirar hacia arriba cuando camino, aunque no veo mucho porque no uso mis anteojos.
Soy, en palabras de Sabina, "tan joven y tan vieja"...
Algunos adultos me dijeron que tengo problemas con la autoridad. Yo digo que al respeto una/o no se lo gana por los años o por un cargo, sino por lo que uno es como persona, independientemente de la edad, el color, la jerarquía y demás etiquetas que se le pegan a las personas en la frente o en el disfraz que llevan. Lo demás es miedo, cumplimiento de reglas y, en algunos casos, inteligencia de la que yo carezco habitualmente.
Hace poco un estudiante de Comunicación Social de 22 años, de la Unsta, me dijo que era zurdita por decir que no todos los bolivianos son ladrones. Después me dijo que él es de la línea de Fuerza Republicana, porque así lo criaron en su casa. No hice más comentarios. Otro señor, un cincuentón, me dijo que soy hippie por cómo me visto, pero no practico ni el amor libre, ni vivo en comunidad, ni cultivo plantitas verdes-de momento, por lo menos-. La ropa de bambula o de telas livianas y sueltas simplemente me gusta porque es cómoda y fresca.
Soy una de las personas más paranoicas que conozco. Me persigo por cualquier cosa y hay días en los que creo que es el mundo contra mi. Ni hablar de cuando salgo de noche o de cuando tengo que cruzar la peatonal y los canas me miran de reojo. Pienso que me van a detener por portación de cara o algo así; igual ahora la piloteo un poco mejor que hace un tiempo.
Me gusta ver por la ventana cuando llueve. Los días grises me invaden de una melancolía que se parece un poco a la resignación, pero que está mejor escrita.Tengo la vida llena de ausencias de gente que quiero o quise, pero pinto esos espacios con anécdotas o recuerdos que hacen bien.
Tengo unas ojeras y una palidez que el sol de Tucumán no puede dorar -sólo enrojecer- y que contrastan con mis rulos indómitos y casi negros.
Mis recuerdos andan sueltos y juegan por mis días. A veces me rescatan cuando voy entre la muchedumbre y me llevan hasta mi casa sin renegar por el amontonamiento. Después, los domingos, me cobran cuando aparecen para hacerme llorar. Me gusta que sea así y que no estén enfrascados bajo llave en algún lugar de mi cabecita -a veces maliciosa y traviesa.
No sé decirle a la gente que la quiero o que la necesito. Me da vergüenza que me vean llorar, sobre todo los hombres.Soy el tipo de personas que no da un beso en el cachete, sino que pone la mejilla. Igual, me encanta besar, pero soy cobarde.
Reniego de Tucumán a veces y muchos quieren que me vaya. No puedo imaginarme lejos, ni en distancia de tiempo ni de espacio.
Soy una persona muy colgada y me agarran periodos de mutismo; de golpe me quedo callada y no hablo más. Cuando estoy así, probablemente estoy pensando en alguna canción de Charly, de Pink Floyd, de Sumo; o me estoy dando manija con algo que dijo o hizo alguien (o en lo que alguien no dijo o hizo) , pero que a mí no me quedó muy claro y me martiriza porque podría ser algo grave; también puedo estar simplemente colgada, distraída y sin ganas de hablar. Eso me pasa desde chiquita, porque todavía me acuerdo de que a mi vieja le molestaba que me quedara muda y siempre me decía: " ¿en qué pensás? Una moneda por lo que estás pensando". Podría haber aprovechado para hacer negocio...
Soy responsable con las cosas que tengo que hacer para otras personas, pero dejada para las cosas que son para mi.
Quiero ser periodista cuando sea -más-grande, pero me dijeron que no lo soy y que hay muchas probabilidades de que no lo sea jamás. Igual disfruto de mi trabajo -que no es de periodista- y aprendo todos los días, pero no por el trabajo en sí, sino por la gente con la que estoy.Tengo ganas de decir "agarrate de mi mano, que tengo miedo del futuro" o "trepate a esta ternura de locos que hay en mí", pero no encuentro al fulano.
Me da pánico mostrar lo que soy. No es cuestión de andar repartiendo por la vida un mapa con las sensibilidades de una, marcadas prolijamente con una "x". (La prolijidad nunca fue mi fuerte).
Cuando me preguntan qué soy, no sé qué contestar.
martes, 14 de octubre de 2008
A mis detractores
Me dice usted que escribo como mujer. Como mujer blanca y pequeña, de 23 años. Como mujer blanca y pequeña, de 23 años, que tiene la cara llovida de pecas. Como mujer blanca y pequeña, de 23 años, que tiene la cara llovida de pecas y ataques cíclicos de tristeza, alegría y mal humor. Me dice usted, en fin, que escribo como una mujer que, encima, todavía está en construcción. Lo siento muchísimo. Quizás podría prestarme su coqueta prosa de hombre blanco y maduro, cincuentón, perfectamente acabado. Su prosa equilibrada de hombre de mundo con la cabeza llena de ideas y la barriga llena de palabras (y de postres y almuerzos y desayunos y cenas). Puede que entonces -y merced a su generosidad- llegue a alguna parte con mis ridículos cuentos.
Este es un plagio, robado del Planeta Lilliput, no podría yo haberlo escrito mejor, así que le di la palabra a ella.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
El día en el que nada cambió (o eso nos pareció)
Fui a la Crisóstomo y Chacabuco a encontrarme con unas amigas para escuchar la sentencia en la que esperábamos que al querido general de muchos tucumanos lo mandaran preso a Villa Urquiza. Esperábamos sinceramente eso, hasta lo creíamos. Saltamos y cantamos en contra de ellos, como muchos otros chicos -algunos militantes, otros, como nosotras, sólo antigenocidas-. Estábamos optimistas mientras pensábamos que, en serio, algo iba a cambiar. Cuando dijeron que no, que la cosa quedaba en suspenso, que el general se quedaba a dormir en el country de Yerba Buena por tiempo indefinido, la bronca y la violencia invadió todo. Volaron piedras de un lado y y gases a rolete del otro. Las cuadras que rodeaban el lugar estaban imposibles entre el humo, la impotencia, la bronca y el odio que se mezclaban para dejar varios ojos rojos.
Me desencontré con mis amigas un rato, ellas corrieron para un lado y yo para el otro. Por suerte ninguna salió muy golpeada. Sólo con los ojos irritados y con el pecho ardido por el simpático gas que tiraron los señores gendarmes en respuesta a las no menos amigables piedras que tiraron algunos militantes para contestar el agradable y tibio fallo que le permite a un asesino volver a su casa a dormir cómodo en una residencia lujosa en Yerba Buena.Por más de que no tiramos piedras, lo legal no nos sonó a justo. Cuando nos reencontramos con mis amigas, después de un rato, caímos en la cuenta de que era demasiado esperar lo que esperábamos. Y terminamos por entender que la aplicación de las leyes no siempre es justa; no, no puede ser justo que un asesino que torturó, mató, quitó cualquier marco de garantías a la población, desapareció inocentes, llevó a su máximo nivel la violencia de la que es capaz el hombre en contra de otros de su misma clase, sea castigado con "detención domiciliaria" porque está viejito, pobre.
Más nos cuesta entender cómo puede haber gente que lo apoye, que lo tenga como a un soldado de la patria, como un héroe juzgado injustamente por "un gobierno montonero". Los montoneros no quitan peso a la responsabilidad que tenía el Estado de cuidar a su pueblo. Los excesos comentidos por los Montoneros o los de la guerrilla (que según Vilas ya estaba controlada en el 75) no justifican las aberraciones que cometieron durante la dictadura en contra de todo el que podía pensar distinto y jugarse por eso en lo que pensaba -y no hablo de montoneros-. Mataron a estudiantes, mujeres embarazadas, robaron criaturas a las que les negaron el derecho a la identidad..."Pero el general tenía linda la ciudad y había más seguridad", dicen algunos que lo apoyan. "Si esto era una guerra", argumentan otros. Si fue una guerra: ¿dónde quedaron los códigos de honor, el trato humano a los prisioneros, las bajas de los dos lados?. No hubo, me parece. Qué decir del "algo habrá hecho"... Sí señora, quizás lo que hizo fue pensar distinto.
Al final volvimos pensando en que tanto lío para nada. Lo queríamos saber en el penal deVilla Urquiza y no en su country. Fue el día histórico en el que nada cambió... Aunque nos despedimos pensando en que todavía no está firme la sentencia. " Sí, por ahí lo terminan mandando". "Sí, habrá que esperar, ojalá que aguante vivo mucho más y llegue hasta ahí"."Ojalá".
domingo, 3 de agosto de 2008
Escritos de Rodolfo Walsh

Hace unos días me pasaron unas hojas, "Cuadernos de Jotape", donde encontré cosas que Walsh escribió acerca de Montoneros; análisis de lo que se estaba haciendo y cosas por el estilo. Más que eso, me sorprendió leer las cartas que acá copié. Me golpeó mucho leer eso mientras volvía en el bondi a casa, así que acá van.
Carta a Vicky
Querida Vicky. La noticia de tu muerte me llegó hoy a las tres de la tarde. Estábamos en reunión cuando empezaron a transmitir el comunicado. Escuché tu nombre, mal pronunciado, y tardé un segundo en asimilarlo. Maquinalmente empecé a santiguarme como cuando era chico. No terminé con ese gesto. El mundo estuvo parado ese segundo. Después les dije a Mariana y Pablo: “era mi hija”. Suspendí la reunión.
Estoy aturdido. Muchas veces lo temía. Pensaba que era excesiva suerte no ser golpeado, cuando tantos otros son golpeados. Sí, tuve miedo por vos, como vos por mí, aunque no lo decíamos. Ahora el miedo es aflicción. Sé muy bien por qué cosas has vivido, combatido. Estoy orgulloso de esas cosas. Me quisiste, te quise. El día que te mataron cumpliste 26 años. Los últimos fueron muy duros para vos. Me gustaría verte sonreír una vez más.
No podré despedirme, vos sabés por qué. Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizás te envidio, querida mía.
Hablé con tu mamá. Está orgullosa en su dolor, segura de haber entendido tu corta, dura, maravillosa vida.
Anoche tuve una pesadilla torrencial, en la que había una columna de juego, poderosa pero contenida en sus límites, que brotaba de alguna profundidad. Hoy en el tren un hombre me decía: “Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año”. Hablaba por él pero también por mí.
Carta a mis amigos
Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, María Victoria, después de un combate con fuerzas del Ejército. Sé que aquéllos que la conocieron la han llorado. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo. Me dirijo a ellos para agradecerles pero también para explicarles cómo murió Vicki y por qué murió.
El comunicado del Ejército que publicaron los diarios no difiere demasiado, en esta oportunidad, de los hechos. Efectivamente, Vicki era oficial 2° de la Organización Montoneros, responsable de la prensa sindical, y su nombre de guerra era Hilda. Efectivamente estaba reunida ese día con cuatro miembros de la Secretaría Política que combatieron y murieron como ella.
La forma en que ingresó a Montoneros no la conozco en detalle. A los 22 años, edad de su posible ingreso, se distinguía por decisiones firmes y claras. Por esa época comenzó a trabajar en diario "La Opinión" y en un tiempo muy breve se convirtió en periodista. El periodismo en sí no le interesaba. Sus compañeros la eligieron delegada sindical. Como tal debió enfrentar en un conflicto difícil al director del diario, Jacobo Timerman, a quien despreciaba profundamente. El conflicto se perdió y cuando Timerman empezó a denunciar como guerrilleros a sus propios periodistas, ella pidió licencia y no volvió más.
Fue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combatía. Salió de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba. Su marido, Emiliano Costa, fue detenido a principios de 1975 y no lo vio más. La hija de ambos nació poco después. El último año de vida de mi hija fue muy duro. El sentido del deber la llevó a relegar toda satisfacción individual, a empeñarse mucho más allá de sus fuerzas físicas. Como tantos muchachos que repentinamente se volvieron adultos, anduvo a los saltos, huyendo de casa en casa. No se quejaba, sólo su sonrisa se volvía más desvaída. En las últimas semanas varios de sus compañeros fueron muertos: no pudo detenerse a llorarIos. La embargaba una terrible urgencia por crear medios de comunicación en el frente sindical, que era su responsabilidad.
Nos veíamos una vez por semana, cada quince días. Eran entrevistas cortas, caminando por la calle, quizá diez minutos en el banco de una plaza. Hacíamos planes para vivir juntos, para tener una casa donde hablar, recordar, estar juntos en silencio. Presentíamos, sin embargo, que eso no iba a ocurrir, que uno de esos fugaces encuentros iba a ser el último, y nos despedíamos simulando valor, consolándonos de la anticipada pérdida.
Mi hija no estaba dispuesta a entregarse con vida. Era una decisión madurada, razonada. Conocía, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilación de miembros, la tortura sin límite en el tiempo ni en el método, que procura al mismo tiempo la degradación moral, la delación. Sabía perfectamente que en una guerra de esas características, el pecado no era no hablar, sino caer. Llevaba siempre encima una pastilla de cianuro, la misma con que se mató nuestro amigo Paco Urondo, con la que tantos otros han obtenido una última victoria sobre la barbarie.
El 28 de setiembre, cuando entró en la casa de la calle Corro, cumplía 26 años. Llevaba en brazos a su hija porque a último momento no encontró con quién dejarla. Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones blancos que siempre le quedaban grandes.
A las siete del 29 la despertaron los altavoces del Ejército, los primeros tiros. Siguiendo el plan de defensa acordado, subió a la terraza con el secretario político, Molina, mientras Coronel, Salame y Beltrán respondían al fuego desde la planta baja.He visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amanecido, y el cerco. El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque. Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto."El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba. Nos llamó la atención la muchacha porque cada vez que tiraba una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía."He tratado de entender esa risa. La metralleta era una Halcón y mi hija nunca había tirado con ella, aunque conociera su manejo por las clases de instrucción.
Las cosas nuevas, sorprendentes, siempre la hicieron reír. Sin duda era nuevo y sorprendente para ella que ante una simple pulsación del dedo brotara una ráfaga y que ante esa ráfaga 150 hombres se zambulleran sobre los adoquines, empezando por el coronel Roualdes, jefe del operativo.A los camiones y el tanque se sumó un helicóptero que giraba alrededor de la terraza, contenido por el fuego.
"De pronto, dice el soldado, hubo un silencio. La muchacha dejó la metralleta, se asomó de pie sobre el parapeto y abrió los brazos. Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablamos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo.'Ustedes no nos matan' dijo el hombre 'nosotros elegimos morir'. Entonces se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros."Abajo ya no había resistencia. El coronel abrió la puerta y tiró dos granadas. Después entraron los oficiales. Encontraron a una nena de algo más de un año, sentadita en una cama, y cinco cadáveres.
En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota de lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella: vivió para otros, y esos otros son millones.Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy yo quien renace de ella.
Esto es lo que quería decir a mis amigos y lo que desearía de ellos es que lo transmitieran a otros por los medios que su bondad les dicte.
Nota sobre la muerte de Paco Urondo
Diciembre 29 (1975)
El paco había hecho testamento para poder reconocer a una hija que tuvo con Lucía. Los proscriptos no pueden reconocer directamente a sus hijos. La madre se interna con nombre falso, el niño es anotado con nombre falso.El Paco no anduvo bien en Prensa. Por lo menos yo pensaba eso y otros también lo pensaban, aunque es difícil saber de quién era la responsabilidad. Prensa era un equipo muy grande: alrededor de 70. El error que ellos cometieron fue no comprender a fines de 1975 la naturaleza del golpe que se avecinaba.Fue un error casi general. Se admitía la posibilidad del golpe pero también se trabajaba como si no fuera a ocurrir. Incluso se lo contempla con cierto optimismo como si su víctima principal fuera a ser la burocracia en el gobierno, y no nosotros. No hicimos ningún programa contra el golpe. En agosto del 75 Pancho ( ex teniente de navío Lebrón, montonero desde 1971 hasta el 76, que murió en combate) y yo empezamos a trabajar en una posible respuesta al golpe: sobre todo una respuesta militar que dificultara el despliegue inicial, las primeras 48 horas. No se trataba de parar el golpe sino de que empezara mal, con un costo imprevisto. Cuando hablamos de eso con Petrus, él dijo: “Pero entonces ustedes creen que va a haber un golpe. Eso cambia todas las cosas”.Poco después Petrus restructuró los ámbitos y durante algunas semanas funcionamos el Paco, Zavala, Federico, muertos en el 76, y Eduardo. El Paco y yo trabajábamos entonces en la propuesta de un “plan de emergencia” para oponer al golpe. Sé que se discutió después en la regional, y que sirvió de fundanmento para un plan de operaciones, pero nunca nos llamaron a discutirlo.O sea que el Paco estaba familiarizado en el tema y particularmente con el bloqueo informativo que se iba a producir, ya que era una de las previsiones del plan de emergencia, pero prensa siguió funcionando como si hubiera un futuro electoral: pensando en una revista (que llegó a salir y tuvo una vida efímera) e incluso un diario.La última expresión clandestina era el “Evita”. Naturalmente, si se pensaba en revistas y diarios había que mantener más o menos congregado un aparato importante con grandes locales, imprentas, etc. Ese iba a ser un blanco terriblemente fácil para el enemigo.Al Paco lo trasladaron en mayo, a mí me dijeron que a Europa, pero en realidad a Mendoza, y esto llegaron a saberlo Rosita y Roberto. Me estuvieron buscando para una reunión de despedida. No me encontraron y se hizo sin mi. Después, en junio, una mañana entró Juan en la oficina y me dijo: “lo mataron a Ortiz”. El traslado de Paco a Mendoza fue un error. Cuyo era un sangría permanente desde 1975, nunca se la pudo poner en pie. El Paco duró pocas semanas, su muerte, dijo Roberto, se produjo en un contexto de derrota, por el mecanismo que después nos ha resultado familiar: las caídas en cadena, las casas que hay que levantar la delación, finalmente la cita envenenada. Fue temiendo lo que sucedió. Hubo un encuentro por un vehículo enemigo, una persecución, un tiroteo de los dos coches a la par. Iban Paco, Lucía con la nena y una compañera. Tenían una metra pero estaba en el baúl. No se pudieron despegar. Finalmente el Paco buscó algo en su roja y dijo: “Disparen ustedes”. Luego agregó: “Me tomé la pastilla y ya me siento mal. La compañera recuerda que Lucía le dijo: “Pero papi, por qué hiciste eso”. La compañera escapó entre las balas, días después llegó herida a Buenos Aires. Cree que a Lucía, desarmada, la mataron ahí mismo. Al Paco le pegaron dos tiros en la cabeza, aunque probablemente ya estaba muerto. A la nena la devolvieron poco después. La recuperó Josefina, la hija de Paco, hasta que la mataron este mes de diciembre.
Rodolfo Walsh
miércoles, 9 de julio de 2008
9 de julio, agrio como naranja de plaza
Ahí ya se pone triste la cosa. Los taparon y pasó el desfile militar. La gente de Mansilla aplaudió, y sin darse cuenta protegió al rezo de la burla que era todo eso que pasaba sobre la 25 de mayo. Los taparon y pasaron los ministros, el gobernador, los ejecutivos. Los taparon, pero ellos rezaban igual, en círculo, detrás de la valla, tapados, como en la cárcel rezaban "Padre nuestro que estás en el cielo". Detrás de la celda, como en la cárcel siguieron rezando.
Detrás de la valla de la 9 de Julio había tres jubilados. Una jubilada abanderada, los otros llevaban las bandas de escoltas. Tenían -y seguro que todavía tienen- colgada en el cuello la denuncia contra una de las tantas verguenzas de esta provincia: el cartelito del %82 móvil. Querían cantar el Himno Nacional en el monumento a la Libertad. No los dejaban, valla de por medio.Pedían que los dejaran, que querían homenajear a la Patria. No los dejaban. Gritaban con voz cansada pero firme: "viva la Patria". Los policías, inconmovibles.
Una de las señoras se preocupaba porque una de sus compañeras estaba en el otro vallado, cerca de los que rezaban. Le ofrecí ir a decirle a su amiga que ellas estaban sobre la 24 e intentar que la dejaran pasar para que no diera toda la vuelta (cuatro cuadras al pedo tenía que caminar la jubilada de ochenta años). Me indicó cuál era la señora. Fui. La viejita estaba paradita sola, cerquita de la valla, inquieta por no encontrar a los suyos. Le dije que su grupo estaba del otro lado, en el otro corte al acceso a la plaza. Estaba vestida con una campera roja y en la mano una bolsa de mercado vacía, de esas que ya usan solamente las abuelas. Tiene el pelo blanco y la cara con ríos de arrugas. Se entristeció, no la dejaben pasar. Le pedí al policía que le permitiera cruzar, que si quería yo la acompañaba. Me dijo que hablara con el jefe. Fui. EL tipo accedió, "pero que un policía vaya con ella". El jefe pensaba: "la vieja ésta con cara arrugada es una francotiradora contratada por los del campo para pasar a degüello a alguno".
La viejita se juntó con sus compañeros. Pero siguió detrás de una valla. Continuaron con el canto y con la protesta. No dejaron de lado su objetivo: homenajear a la Patria. Decían que trabajaron toda la vida por estas tierras, "para que nuestros hijos tengan un pais mejor". Querían agradecer, por más que la patria les ponga vallas por todas partes. Dan ganas de llorar.
Algunos curiosos comenzaron a acercarse, para ver qué pasaba. Los medios se acercaron. Un abogado, Paez, los calmaba a los ancianos mientras buscaba la manera de que los dejaran llegar hasta la plaza. En eso pasó un funcionario vestido como de luto -parece que lo que se le murió es la vergüenza-. Gritó burlándose "¿Qué no los dejan pasar a los viejos?", bestia que se merece un cascote en la nuca, pobre su madre.
Algunos diarios y la tv se acercaron a escuchar y a ver. Hicieron notas, los medios de un lado de la valla y los jubilados del otro. El abogado consiguió que les liberaran el paso. Los curiosos aplaudimos un poco, era para admirarlos, tan solemnes con las banderas y el himno, sencillos y frágiles. Por fin caminaron hasta el centro de la plaza, los que antes rezaban también pudieron pasar. Los jubilados, acompañados por más gente, cantaron el himno. Caminaron lerdos y tranquilos, sin forzar nada. Hicieron su homenaje. Aman a la patria, por más que los traten tan mal.
Con mis amigos dejamos atrás la plaza que tiene unos naranjos que sorprenderían a cualquier presidente venezolano. Son agrias, señor.
Enojados, con ganas de llorar, tomamos café.
Un asco todo, una burla oficial. Dan ganas de llorar.
Continuó en el hipódromo...